domingo, 10 de noviembre de 2013

Crónica de una Venezuela Heroica

Esta crónica fue escrita durante el mes de abril del presente año y pretende detallar lo sucedido antes, durante y después de las elecciones presidenciales; intenta ser un mensaje de conciencia, un llamado al voto para los futuros comicios y un grito de auxilio en medio de la violencia y la confusión que se vive en Venezuela.

Los comentarios fueron y vinieron como un torrente alocado que no supo en cual punto detenerse. Encuestas, entrevistas, ruedas de prensa, concentraciones, agresiones, propagandas, canciones… Fue tanto lo que se pudo ver y escuchar que realmente no sabíamos que creer, que no creer y que esperarnos. No es un secreto lo que sucedió domingo 14 de abril en Venezuela y los días anteriores y posteriores; la hostilidad existente entre los partidos políticos del país, que buscaban erradicar cualquier indecisión o abstención posible, y los seguidores de los mismos ha sido palpable.

Desde el punto de vista histórico, desde la primera victoria del fallecido presidente Hugo Chávez Frías nunca se había presentado una lucha político-social de esta magnitud. Una gama de emociones cubre a la comunidad venezolana que entre colores y promesas solo desea finiquitar los problemas comunes como la escasez, el desempleo, la falta de insumos básicos y la limitación de agua o luz, mientras ruega por no sucumbir ante el cendal de una fuerte desventura económica. Es realmente horrible pensar a dónde llegaremos, cuando todavía hay personas que no tienen idea de a dónde quieren ir.

Con la postulación de Nicolás Maduro, actual presidente de la República Bolivariana de Venezuela, llegó al país la grieta que la oposición había estado aguardando desde hacía años y que esta vez, dados los eventos producidos durante días, no hay manera de sellar. El candidato del socialismo no solo se convirtió en el heredero de Chávez, sino en el eslabón débil de una cadena opresora que se niega a abandonar el poder.

Pretendiendo calar en el juicio de quien lea el siguiente análisis de los acontecimientos suscitados antes, durante y después del día de los comicios, inicio relatando lo que fue la “Semana en espera” partiendo del siete de abril del 2013 con la marcha Caracas Heroica; tuve la extraordinaria oportunidad de asistir y recorrí un gigantesco trecho desde Chacaíto hasta la Avenida Bolívar que además de dejarme exhausta hinchó mi corazón con orgullo. Tener que recordar el calor sofocante, la mezcla de sudores, el coro de cánticos rebosantes de euforia y la marea de gorras tricolores es un placer doloroso. Nunca antes había participado en una concentración, por lo que de principio a fin mi alegría fue inmensa.

Con el cansancio de una larga velada nocturna donde bebí varios de tragos y bailé hasta terminar con los pies magullados, me levanté especialmente temprano para alistarme. No me sentía bien, iba como un muerto en vida camino a al punto de encuentro, pero en el fondo tenía un calorcito cosquilleándome el estómago. Más tarde, cuando me encontré frente a cientos de personas que gritaban y sonaban cornetas mientras agitaban banderas y carteles, atribuí esas cosquillas a la emoción. Era imposible no contagiarse del entusiasmo de toda esa gente y fue tal la camadería existente que me sentía en familia. Poco a poco la confianza se acrecentó de una forma impresionante; no solo recibías sonrisas y saludos, también eras violentamente empujado en busca de espacio para caminar.

Al principio estuve tentada a retribuir los golpes, pero trataba de calmarme pensando en el hecho de que ese día no había forma de actuar con brusquedad; La gama de sentimientos era desbordante y rápidamente me sentí identificada con mi entorno porque yo también sentía esa ansiedad, ese nervio, esa excitación por ver a Henrique Capriles y poder escucharlo de cerca. Después de vivir una Odisea, logré a ubicarme a treinta metros de la tarima, presa de la falta del aire y ligeramente deshidratada. Frente a los caraqueños que compartían un solo sentimiento, solo podía memorar lo que escribí el 7-O 2012 cuando se anunciaron los resultados electorales.

Tras esto, se presentó la ausencia del 'Gigante' reelecto y el misterio se adueñó de nuestras vidas. Los rumores crecían y crecían y descubrir la verdad en las palabras de los encargados se volvió un reto. Poco después, el ex representante panameño Guillermo Cochez se pronunció con una pasión desmedida: “Venezuela vive una democracia enferma secundada por entes que no asumen el trabajo y la responsabilidad que les corresponde.”. Mi primera impresión fue que no fue el momento ni el lugar adecuado para recitar una creencia tan personal, pero sus palabras resguardaban la verdad; Venezuela se encontraba situada de forma estratégica en medio de un camino que solo conducía a una calle ciega, sin retorno o posibilidades de dar la vuelta en U.

Las acciones tomadas por el gobierno, que con cada acto se asemeja a un circo donde la “Revolución” de un presidente desaparecido trata de continuar su misión sin importarle a quienes se lleva por delante, solo han demostrado lo fácil que es atacar la confianza y a la inocencia de los que habitamos en este país. Lo más crítico, es que se han visto continuamente apoyados, sorpresivamente, por naciones que afirman defender la democracia y la legitimidad de esta por encima de todo. Sin embargo, aunque se muestra un arbitraje descarado, nuestros dirigentes no sólo se han visto beneficiados por los generosos votos de amigos internacionales.

Gran parte del pueblo se ha pronunciado dando señales de lo orgullosos que se sienten de que haya quienes reguarden el legado del gran Comandante, seguros de que este vela por ellos desde las alturas para encabezar su tercer mandato presidencial a través de un hombre sin preparación adecuada y sin madurez suficiente para asumir el cargo que le han dado. Pero así como la patria roja buscó defender sus ideales, existe un grupo de personas que no planea aceptar la idea retorcida de constitucionalidad que los altos mandatarios manejan.
Durante el paseo de Caracas Heroica conseguí a las multitudes de vestimentas tricolores, al pueblo movilizador y progresista que aún después de la derrota del siete de octubre se niega a ceder. No es posible, digan lo que digan, que deseemos la desgracia de este país tan hermoso que fue la cuna donde nos mecimos y que ha sabido tatuársenos en el alma, en el corazón, en la sangre, en la piel. Es nuestra patria, nuestra cultura, nuestro hogar, nuestra familia.
Estoy cansada de los insultos y del odio. Quiero sentirme parte de un solo pueblo, quiero que se acaben las disputan y los altercados entre las jóvenes promesas que no comparten propósitos. ¡Cuán harta estoy de la verborrea insulsa de siempre, que es incapaz de darme la tranquilidad que necesito! ¿Por qué en vez de alimentar la rabia, no alimentan los proyectos? ¿Por qué debemos creer que convertirnos en un pueblo encadenado es la única forma de continuar viviendo aquí? No soporto coexistir con el miedo ni deseo pasar el resto de mis días rezando para que mis padres, mis hermanos, los niños, las mujeres, los trabajadores o cualquier venezolano lleguen sanos y salvos a sus casas. ¿Por qué debemos agradecer “tener suerte”?

¿Cómo puedo creerle a un hombre como Nicolás Maduro que él es la garantía de una vida mejor cuando no es capaz de respetarse a sí mismo? No fanatizaré a un hombre que amenaza a quien no comparte su opinión, que aplasta la virtud de sus seguidores a base de maldiciones incesantes y que no sabe honrar el valor de la cristiandad. Quien aspira asumir el poder no debe amar al poder en sí, sino a quienes le han dado el privilegio de ostentarlo; Alguien así no está encariñado con la idea de amar al pueblo que busca entregárselo, porque solo busca mantener los ideales de una revolución deleznable. Y una persona que no puede amar al pueblo, que pone por encima sus deseos y sus caprichos y que se desvive por dirigentes ajenos a la Nación no merece ser presidente; ese tipo de persona es realmente apátrida.

Porque una persona sin patria no es aquella que sueña con otro tipo país, no es la que busca el diálogo amable con los entes internacionales, ni es aquella que por cuestiones forzosas se ha visto en la cruel situación de abandonar la tierra que la ha visto crecer; Es quien se entrega en vilo a otros y deja atrás los intereses de su propia nación, es quien decide ceder los recursos y los valores de sus conciudadanos para cubrir problemas que nada tienen que ver con la gigantesca cantidad de contrariedades que los azotan, es el que en determinadas circunstancias se aparta y se desentiende de la herencia cultural que sus raíces le han dejado.

Antes hablaba de que no sabemos dónde terminaremos, porque no sabemos dónde queremos terminar. No tildaré de ignorante a nadie, porque no soy quien para juzgar a los que no concuerdan con mi opinión; quiero creer que los que optan por una opción diferente, esa que ha pasado varios años explotando la soberanía de nuestra tierra, lo hacen porque realmente tienen fe en ese sistema. Un oficialista me llamaría burguesa, diría que no es sorprendente que mi corazón esté con Henrique Capriles porque vengo de una familia con recursos suficientes para tener una vida acomodada y apacible; No sé lo que es pasar hambre por no tener qué comer, no he sido víctima de la violencia pandillera, no me he visto en la necesidad de buscar decenas de empleos, tampoco sé lo que es la vida cotidiana en un barrio, ni puedo imaginar los pormenores que pueden sufrirse allí.

No obstante, manifestando firmemente que calificar mi opinión por mi estilo de vida es errado, considero que me encuentro cerca de esa realidad porque la siento latir con indignación y condescendencia cuando la leo en los periódicos, la escucho en la radio o la veo en el noticiero. Porque comparto un país, una cultura, una familia con más de 27.150.095 venezolanos y ansío ver el día en el que todos comprendamos que la división no es la solución. Estando segregados, en grupos “sociales” donde el dinero escasea y donde la calidad de vida disminuye a cada minuto, ¿Cómo esperamos tener idea de dónde queremos terminar?

Estamos desesperados, intentamos caminar por el sendero despótico de un gobierno ineficiente y tenemos pánico de descubrir qué puede venir después de tanta confusión. Venezuela se convirtió en un escenario, en el circo de un grupo de avariciosos corruptos que denigran y marcan límites a quienes no los reverencian. Odian la idea de que los venezolanos abramos los ojos, de que tras años de una vida inestable los habitantes de este país se den cuenta de la realidad y decidan tumbarles la carpa donde se han instalado. Están sedientos de poder, sedientos de dinero, sedientos de odio. Y llegó el día de decirles: Ya no más.

Clara muestra de la división que hay en este país es el malicioso y brutal atraco que continuamente se presenta entre seguidores de los partidos políticos, pues a disparos, palabras crueles y golpes intentan amedrentar la voluntad de los que defienden un punto de vista distinto. Hemos llegado al punto donde la discordia merma en los sentimientos como una toxina y nos insta a herir de formas inhumanas al resto. Queremos acallar las manifestaciones de los demás, nos negamos a la conversación, no deseamos saber de otras alternativas. Es una conducta bestial y las confrontaciones se han convertido en una amarga polémica donde se debe admitir la enorme distancia que separa los corazones de los venezolanos. Seguir así es afirmar que terminaremos solos, gobierne quien gobierne. No podemos aclamar paz cuando en cada oportunidad atropellamos a quien se plante frente a nosotros.

¡Es tan fácil callar a quien tiene algo que decir! Sobre todo a quien tiene algo importante, honesto y radical que profesar. Se les ha negado el voto de confianza a artistas, a políticos, a representantes, a trabajadores, al pueblo en sí. ¿Cuántas pruebas serán necesarias para demostrar la perversión y la intimidación de este sistema? Es un fanatismo mórbido, que realmente no labora por el bien de los que componemos esta tierra, que solamente beneficia a un grupo ubicado convenientemente en las bases de la autoridad. Han sabido cegar a las masas, haciéndoles creer que viven dignamente cuando la vida se les está cayendo encima. Y no conformes con eso, aclaman que es la “otra parte” quien los repudia con el objetivo de demarca una gruesa línea entre el pueblo.

Y aquí radica la diferencia entre los dos candidatos más controvertibles: El llamado de amor, unidad y respeto. Exijo un presidente que nos represente a todos, que nos cuide a todos y no permita la explotación social; Deseo un hombre que tenga la fuerza para llamar a las cosas por su nombre, que denuncie a los abusivos, que con un discurso seguro sepa diluir el odio y movilice a la gente con benevolencia. No persigno a una persona que, por el contrario, solo juegue con la espiritualidad de sus prosélitos; una persona que no da abasto con la cantidad de inconvenientes que presenta la vida en este país, una persona incapacitada para proyectar un futuro bienaventurado.

Analistas afirman que lo que sucedió los días anteriores a la elección fue un giro de 180 grados, un fenómeno al estilo Juan Manuel Santos. Las elecciones se abrieron como una oportunidad extraña e inédita, algo nunca antes visto canalizado con enorme potencia. Los pilares del chavismo se vieron notablemente afectados ante la desaparición de su líder, porque la era post-Chávez llegó y se fue abriendo camino con sigilo entre las filas del gobierno. La desorientación los caracterizó y no tuvieron manera de motivar a los seguidores rojos, razón por la cual perdieron una gran cantidad de favorecedores. Estos meses nos sirven para notar cómo se delataba la ineficiencia de esta tropa poco estudiada y trabajadora, que no está apegada al pueblo con real honestidad. Solo se trata de un régimen que se desmorona con inusitada rapidez.

Capriles no necesitó aparecer en ningún afiche en compañía de la fotografía de algún presidente o algún miembro político para llegar a los corazones de los votantes. Él tiene oratoria, no es víctima de la falta de escolaridad, conoce la incertidumbre y el descontento de las entes, sabe a qué se enfrenta y no es un fanfarrón que trata de lucir aquello que no tiene. No es un cínico que se apropia de una imagen ajena y busca esconder sus defectos tras esta.

Gabriel Reyes, especialista en opinión pública y comunicación política, afirmaba el once de abril que el pueblo acude a las concentraciones opositoras porque está harta de creer en mentiras, harta de ser liderada por personas que se han olvidado de garantizar la soberanía y la libertad y que solo presenta un panorama futurista impredecible. Sabe, como sabemos todos los que contrariamos la charlatanería del gobierno, que la estrategia del candidato oficialista no convenció y no convence. Ya no es una alternativa creer que este régimen puede solucionar los temas de inconformidad, porque han sido catorce años infructíferos que solo lograron destruirnos.

Además de convertirse en un chiste, Maduro se volvió la cara de las verdaderas intenciones de los declarados chavistas que mantienen acaparado el dominio de la Patria. ¿Qué es Nicolás sino un hombre asustado escondido tras el fantasma carismático de Hugo Chávez Frías? Nadie lo conoce, no tiene gestión y de forma radical intenta defender la falta de preparación que tiene. Es un náufrago que nada, nada y nada, que se encuentra dando patadas de ahogado y que acabará por morir en la orilla. Alberto Franceschi, político venezolano, lo dijo: “Maduro en picada es un hecho porque se ha resguardado en los peores consejos y en las más terribles decisiones.” ¿Puede ese burócrata tener el privilegio de doblegarnos solo por el hecho de creerse un sucesor? ¿No merece esta bellísima tierra hacerse respetar? No somos un regalo y los dirigentes deberían aprender que tenemos voz propia y que no estamos dispuestos a obedecer actitudes antidemocráticas.

Esta vez no se trataba de optar por una persona en particular, sino de elegir el mejor proyecto. Teníamos, y seguimos teniendo, un deber con Venezuela porque, nuevamente lo reitero, es nuestra Nación y merece que nos tomemos de las manos a su favor. No podemos seguir estancados viendo como otros países avanzan hacia el progreso a base de nuestros recursos y la ayuda humanitaria del gobierno cuando aquí la cifra de muertos por día aumenta a cada hora y la penuria nos domina. ¡Basta de la tolerancia a la mentira burda! Adiós a las amenazas a los funcionarios públicos, al crimen de las calles y a la parcialidad de los poderes administrativos.

Horas antes de que Tibisay Lucena apareciera para dar los resultados, me invadía una impotencia ilimitable, porque tenía miedo de que estos se erigieran en una sentencia de muerte. Contrario a lo que se ve en otros países, en Venezuela nos hemos visto en una encrucijada múltiples veces; solo nos han permitido tener dos rumbos teñidos de vacilación. A diferencia de las naciones vecinas, de las naciones de América y las naciones del mundo, no tenemos oportunidad de afianzarnos a un candidato y escuchar atentamente sus propuestas. Las opciones que tuvimos fueron radicales, escasas y limitadas y eso induce a la perplejidad.

No sé si atribuirle la culpa al exiguo tiempo de campaña, pero el caso es que a raíz de diversas promesas, realmente los venezolanos nos acostumbramos a votar con el corazón y no con la cabeza. La sangre latina nos bulle con fuerza en las venas, la euforia nos avasalla. Somos un coktail de emociones en busca de un cobijo, queremos que un dulce bálsamo nos cubra y cicatrice todas las heridas que hemos venido sufriendo a lo largo de la historia. Pero aprender a abrazar con pasión lo que creemos no es vía segura si nos quedamos esperando que otro tome las decisiones; El futuro está en nuestras manos y nadie parece entenderlo.

Se han prometido muchísimas cosas en estos años, la mayoría de ellas evitadas con una facilidad asombrosa y la vida se ha ido empequeñeciendo crudamente. Más que esperanza, estamos a la expectativa de que suceda algo grande que nos saque del hoyo. Los chavistas tienen fe en el socialismo, un sistema de dudosa fiabilidad en las manos de este gobierno, y los opositores ruegan para que las pocas figuras que los personalizan tengan resquicio de expresarse a favor de ellos.

Es triste saber que la violencia se ha convertido en un suceso cotidiano. Pensar que mientras la oscuridad, por falta de luz eléctrica, sume los hogares, en las calles se presenta un atraco, un secuestro, un asesinato más que añadir a la extensa lista existente. Nos encontramos con una situación extraña, donde debemos agradecer arribar perennes a nuestras casas, donde nos sometemos a un toque de queda autoimpuesto para evitar cualquier ataque, donde no se puede caminar tranquilamente por las calles, donde el saldo de víctimas es una cifra siniestra. Estamos frente a la permisibilidad del terrorismo y me parece de lo más indigno conocerle tan bien el rostro a la muerte.
¡Cuán necesitados estamos de paz, de respeto, de unidad!

No buscamos contar las memorias de Venezuela al estilo de Salvador Garmendia. La fantasía no tiene cabida aquí, es momento de detenerse y razonar lo que sucede. Debemos dejar de ser el pasado y enfrascarnos en el desolador futuro que nos aguarda si no trabajamos por él. De ahora en adelante, se debe pensar en lo que hay que hacer y olvidar qué fue lo que faltó hacer. Basta de críticas poco constructivas, basta a las restricciones, basta de radicalismo. El catorce de abril no se votó por Cuba o Estados Unidos; Los venezolanos votaron por sus hijos, y por los hijos de sus hijos, que constituyen la generación futura y en cuyas manos residirán las consecuencias de las decisiones que se están tomando ahora.

Cuidar, resguardar y hacer respetar ese voto, ese bramido secreto al cual cada uno de nosotros tiene derecho a acceder, es el más grande de los deberes. Cualquiera de los candidatos, sea o no sea ganador, tiene la potestad de cuestionar si halla alguna irregularidad producida que pueda afectar la transparencia de los resultados obtenidos. Es perfectamente legal pedir un reconteo de votos, tal cual hizo Henrique Capriles a horas de la madrugada del quince de abril por medio de los canales televisivos cuando desconoció los resultados emitidos por el poder electoral porque… ¿Se podían aceptar unos resultados cuando se pide un reconteo?

¿Se podían obviar las 3.000 denuncias y anormalidades demostradas ante el poder electoral? ¿Podía la presidenta de este ente tan importante rendirle homenaje a un partido político sin discreción alguna? ¿Estaba permitida la omisión de los reclamos realizados por una parte representativa de Venezuela? Pongo en duda que en alguna parte del mundo se exhiba semejante arbitrariedad, ilegalidad y abuso de Estado como el que se presentó a los quince días del mes de abril del 2013.

Lo más curioso termina siendo que, mientras el CNE hacía vista gorda a las quejas formales de un comando, se produjo una súbita proclamación a con una rapidez alucinante nunca antes vista. ¡No solo tuvimos las elecciones más rápidas de toda la historia americana, sino que observamos la ascensión de un presidente en menos de una semana! Venezuela, nuevamente, fue atacada con la imagen de la ilegitimidad… pero parece que la obediencia y el miedo no encuentra resguardo este pueblo.

Caracas Heroica hizo retumbar la Avenida Bolívar, pero las múltiples ollas y sartenes golpeadas con cucharas y cucharones hicieron estremecer a Venezuela: El Cacerolazo del 15 de abril, como se le llamó en las redes sociales, ha sido el más atronador desde la época de Carlos Andrés Pérez, confirmado por personas que vivieron su gobierno, y desde los primeros años de gobierno del Comandante Hugo Chávez. Consecuentemente, la semana se vio saturada de la misma manera; No había ni una sola esquina del país donde el sonido metálico de un utensilio de cocina dejara de escucharse, durante casi dos horas completas.

Las redes sociales demostraron el claro descontento por los sucesos que se estaban presentando, lo que originó la aglomeración de protestantes pacíficos desde muy temprano donde estos fueron brutalmente atropellados por la Guardia Nacional Bolivariana a punta de quemarropa, disparos a traición y diversas tanquetas como medida de amedrentamiento en zonas de Caracas, así como los frentes de las instituciones del CNE en diversos estados del país (Mérida, Aragua, Carabobo, Guárico, Barinas, etc.). Las sanciones para condenar la respuesta de las milicias contra la gente se esperaban, pero nunca llegaron. El presidente Nicolás Maduro quien acaparó las pantallas por medio de  cadenas nacionales (con un pobre e inconstante discurso donde el nombre del difunto presidente se escuchó por lo menos una treintena de veces), solo se pronunció en este ámbito para tildar de transgresor a su contendiente por convocar la animadversión entre hermanos.

Conseguir que las masas se mantuvieran encerradas en casa fue un trabajo difícil, porque la voluntad de estas se había ido enardeciendo para exigir un reconteo justo y constitucional… Admirar como se emite una tragedia dejaba de ser una opción. Nadie estaba dispuesto a guardar silencio.

El país empieza a dolerme como nunca me dolió. Estamos frente a una terrible fragmentación, entre las mitades de una Nación que tiene un pie plantado hacia el progreso y uno estancado en el pasado. ¿Cómo se combate contra la mordaza de la opresión? La chispa encendida es propensa a apagarse ante los soplos insistentes de un gobierno fascista, puede arrasar contra la oportunidad inédita de trabajar en pro a un futuro.

Jorge González Moore estableció que la corrupción es causa directa de la pobreza de los pueblos y suele ser la razón principal de sus desgracias sociales. Si somos subyugados por el abuso de un régimen infecto y somos plenamente conscientes de ello, ¿Entendemos el juego malicioso que en el que nos han involucrado? ¿Comprendemos qué el vaivén bajo el cual nos guiamos carece de armonía y diálogo? La democracia enferma se transforma en una dictadura disfrazada, la política se vuelve sucia y nosotros empezamos a mancharnos.


Crueles circunstancias dominan nuestra tierra, la libertad se transforma en un valor efímero, leyes ilícitas deforman nuestra integridad, el pacto con el error se vuelve inevitable... Venezuela, ¿Cuánto tiempo debe pasar para que tu gente exija voz y voto? ¿Cuánto tiempo permitiremos que te despojen de tus riquezas, que nos entierren en la pobreza? ¿Cuándo tiempo ha de pasar para que vuelvas a ser heroica?

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