sábado, 22 de agosto de 2015

Panofsky


Argumento [DeBolsillo]
El gran maestro de la narrativa de acción y suspense nos transporta a la Edad Media, a un fascinante mundo de reyes, damas, caballeros, pugnas feudales, castillos y ciudades amuralladas. El amor y la muerte se entrecruzan vibrantemente en este magistral tapiz cuyo centro es la construcción de una catedral gótica. La historia se inicia con el ahorcamiento público de un inocente y finaliza con la humillación de un rey. Los pilares de la Tierra es la obra maestra de Ken Follett y constituye una excepcional evocación de una época de violentas pasiones.
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Tengo una opinión general de esta gran –gran, gran, gran- novela que, creo yo, la resume a la perfección: la densidad de la trama que encierra Los pilares de la Tierra es proporcional a la calidad de sus personajes. No puedo concebir que una persona que la lea sea capaz de pensar algo distinto porque la única verdad es que este libro es una joya universal.

Cuando me di cuenta que mi edición tenía más de mil páginas me cohibí un poco porque jamás había leído algo semejante. Esto explica por qué muy pocas personas deciden acercarse a la obra; no es un libro para lectores débiles, requiere muchísima paciencia porque en varias ocasiones se torna pesado y hay personajes que solo deseas ver arder en el infierno lo más pronto posible o situaciones que deseas ver resueltas de inmediato. Esta novela es como una foto panorámica, existen tantos detalles en ella que resulta poco probable que llegues a abordarlos todos.

Los pilares de la tierra es un libro escrito con sensibilidad por lo que considero que es un libro que debe leerse para sentir, no para pensar. Leer sobre la Edad Media de los pobres, de los leprosos, del vulgo es abrumador; siempre se relatan historias sobre princesas, sobre duques o príncipes, sobre caballeros y reyes… nunca sobre la bruja o el hijo de la bruja, el constructor o la doncella violada. Ver una cara nueva, que además está escrita de forma magistral, es refrescante. Especialmente porque deja entrever la pasión del mismo autor por lo que está escribiendo. No es usual que se aborde este mundo de esta manera tan real porque para la mayoría la Edad Media es La Edad Oscura o la era de los caballeros de brillante armadura y las damiselas en peligro. Esto me lleva otra vez a los personajes, benditos sean.

Lo primero para decir es que no son personajes brillantes. Y eso es lo que más me gusta. No son personajes estelares, porque ninguno es el protagonista de la historia. Son personajes comunes, reales, tangibles. Son personajes que puedes encontrar mirando por la ventana de tu apartamento, en cualquier parte del mundo. Gustan, disgustan. Particularmente, tengo una preferencia enfermiza por Jack y Aliena porque desde que ella se burló de él por no tener padre supe que su relación me daría dolores de cabeza. Los quise y los odié entre página y página. Me pasó lo mismo con todos los personajes, pero mi delirio fueron estos dos. A veces los deseaba juntos, a veces los deseaba separados. Su chispa era incandescente.

Realmente, es difícil decidir qué quieres que suceda porque mientras más lees más cosas suceden... Y no te decides qué final se merecen. Sí, digo merecen porque uno termina sintiéndose Dios: ubicado sobre el panorama, admirando cómo los frutos de la creación se van juntando y rejuntando y dispuesto a juzgar tanto a vivos como a muertos.

Ken Follett cobra vida a través de Tom Builder. Y a través de Tom, cobran vida los demás. Este punto creo que es el más resaltante porque Tom, para mí, cumple la misma función que Erwin Panofsky defiende como propia de una catedral gótica: es una summa de saberes que participan de una estructura mental común, basada en un ideal de totalidad. La construcción de una catedral involucra a todos, así como al final el sueño de Tom acaba por convertirse en la inspiración de otros. En este sentido coincido con la sinopsis antes mencionada: Los pilares de la tierra es en realidad un tapiz donde converge todo, inclusive los sentimientos que origina en el lector.